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Por Darío Nin
En la historia de la República Dominicana, algunos nombres han quedado grabados como pilares en la construcción de la nacionalidad. Entre ellos se encuentra Benigno Filomeno de Rojas (1811–1865), un hombre cuya vida estuvo marcada por la defensa de la soberanía y la consolidación de la identidad dominicana.
Hijo de Santiago de los Caballeros, Rojas recibió una sólida formación académica en Europa y Estados Unidos. Su carrera como abogado y político estuvo guiada por una visión liberal y nacionalista que lo llevó a ocupar cargos clave en los momentos más críticos de la nación. Fue presidente de la Asamblea Constituyente de Moca en 1858, donde se promulgó una Constitución que reafirmaba la independencia nacional y la organización del Estado.
Un protagonista de la Restauración
La anexión a España en 1861 dividió al país, pero con el estallido de la Guerra de la Restauración en 1863, Rojas se unió decididamente al movimiento patriótico. Asumió la vicepresidencia en el gobierno provisional encabezado por José Antonio Salcedo y, tras la caída de Gaspar Polanco, tomó el mando de la Junta de Gobierno en 1865, para luego entregar el poder a Pedro Antonio Pimentel.
Más allá de los títulos, su liderazgo civil en medio de una guerra dirigida por caudillos militares fue una señal de madurez política: la Restauración no solo buscaba expulsar al invasor, sino consolidar una república democrática y soberana, con instituciones capaces de sostener la independencia conquistada en 1844.
Un legado para la nacionalidad dominicana
La vida de Rojas es una invitación a valorar la política como servicio a la patria. Representó la transición de la lucha armada a la construcción institucional, demostrando que la libertad no se defiende únicamente con las armas, sino también con leyes, ideas y principios.
Hoy, su ejemplo sigue vivo como recordatorio de que nuestra independencia es un proyecto en constante construcción. Benigno Filomeno de Rojas fue, sin duda, un hombre de la Patria y para la Patria.

