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Por Darío Nin.
Empiezo con un listado de nombres de hombres, que un dominicano que aprecie su patria debe conocer y nunca olvidar, sin dejar de visibilizar a otros, traemos al escenario a Benito Monción, Santiago Rodríguez, Gregorio Luperón, Gaspar Polanco, José Antonio Salcedo, Pedro Antonio Pimentel, Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenares, Lucas Evangelista de Peña, Federico de Jesús García y tantos más encendieron, con riesgo de vida, la llama que devolvió la soberanía a la República Dominicana. Sus nombres no son pie de página: son columnas de la Guerra de la Restauración y han de ser siempre orgullo de la Patria.
El amanecer del 16 de agosto de 1863 marcó un punto de inflexión con dos golpes coordinados:
El Grito de Capotillo en el cerro del mismo nombre (hoy Dajabón), donde Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña y Federico de Jesús García alzaron la tricolor y proclamaron la resistencia. y la posterior toma de Santiago en el devenir consecuente por fuerzas restauradoras encabezadas, entre otros, por Benito Monción, Gaspar Polanco, Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenares, Eugenio Miches y Gregorio Luperón.
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El Grito de Capotillo en el cerro del mismo nombre (hoy Dajabón), donde Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña y Federico de Jesús García alzaron la tricolor y proclamaron la resistencia.
Esa doble llama prendió la pradera y convirtió el Noroeste en bastión de la lucha.
La Restauración fue el mayor movimiento armado de nuestra historia, de raíz popular y nacionalista, sostenido por campesinos y burguesía urbana que levantaron la bandera del republicanismo democrático como apuesta de progreso económico, social y político. Su objetivo: restituir la independencia perdida con la anexión a España y asegurar libertades reales para la ciudadanía.
Desde la Independencia (27 de febrero de 1844), la República vivió entre luchas intestinas, presiones de potencias (Francia, España, Inglaterra y el naciente poder de los Estados Unidos) interesadas en posiciones estratégicas como Samaná, y el permanente pulso con Haití —que, desde el Tratado de Basilea (1795) y la ocupación de 1822–1844, rechazaba la separación dominicana.
En julio de 1857, la Revolución del Cibao derribó a Buenaventura Báez y abrió paso al último gobierno de Pedro Santana, quien impulsó la anexión a España (18 de marzo de 1861). Hubo informes favorables (como el del general Gutiérrez de Rubalcava) y “bases” que prometían respeto a libertades y no esclavitud; pero la realidad fue otra: represión, racismo, imposición de instituciones coloniales y desplazamiento de autoridades y clero dominicanos.
El malestar no se apagó. Surgieron focos como el levantamiento de Moca (José Contreras), la Regeneración Dominicana, el asalto de Neyba (febrero de 1863, Cayetano Velásquez) y, el 21 de febrero de 1863, el golpe decisivo de Santiago Rodríguez con la toma de Guayubín, que encendió toda la línea noroeste.
Demos una mirada al periodo agosto de 1863 a marzo de 1865: Tras el 16 de agosto, la guerra se extendió por el país. Hubo apoyos materiales y políticos de Venezuela y Haití. Para fines de 1864, la consigna “Libertad o Muerte” y la pugna contra el colonialismo y sus aliados ya abarcaban el territorio. En 1865, mediaciones (como las del presidente haitiano Fabre Geffrard) acompañaron canjes de prisioneros y el reacomodo de tropas.
El 3 de marzo de 1865, un Real Decreto español dispuso abandonar el territorio dominicano y anuló la anexión. La evacuación comenzó el 10 de julio de 1865. Nació así la Segunda República, con Pedro Antonio Pimentel al frente (1 de marzo), cerrando el ciclo colonial reimpuesto.
Memoria, nombres y fechas que deben estar activas : La Restauración no fue obra de un solo hombre ni de una sola región. Fue la suma de nombres y hechos que debemos visibilizar: Monción, Rodríguez, Luperón, Polanco, Salcedo, Pimentel, Rojas, Germosén, Tenares, De Peña, García, y cientos de anónimos. Por eso el calendario cívico consagra dos pilares: 27 de febrero (Independencia) y 16 de agosto (Restauración).
¿Qué nos deja hoy? : Nos deja Que las patrias se sostienen con memoria, trabajo y civismo. Que una “patria legada” —ganada con sudor, sangre y lágrimas— exige una generación responsable, no indiferente. Y que, cuando el país se parte entre presiones externas e internas, la salida no es claudicar, sino organizarse y defender libertades con visión y con coraje.
Honor a los restauradores. Que sus nombres se pronuncien, sus acciones se estudien y sus fechas se celebren con coherencia cívica.
