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Por Joaquín Núñez
“No temas pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”. Esta primera frase nos advierte, que como Él, sufrió miedo ante lo que se le venía encima la noche del jueves santo en el Huerto de los Olivos. No lo dice a todos, lo dice al pequeño rebaño de sus amigos. Hoy lo dice a tantos en tierras de misión, o países fundamentalmente islámicos, donde tenemos más mártires que en todo el bajo Imperio Romano, mártires que no dan de lo suyo, sino sus vidas. Esto y los que lo dejen todo por el evangelio “recibirán el ciento por uno y heredará la vida eterna“ (Mt. 19, 27-29).
No a todos nos pide lo mismo, pero a todos según la gracia recibida, el carisma o don del Espíritu Santo que hemos recibido.
Este evangelio es sumamente importante en la vida del cristiano. Nos llama a estar en vela; en vela está Dios desde el día que por amor nos creo a su imagen y semejanza. Nos hizo libres e inteligentes. Podemos o no coincidir con su voluntad, voluntad para seguir con su inteligencia a ser libres o ser esclavos de nuestros demonios, nuestros caprichos egoístas que nos hacen creer que somos libres. Dios es amor, esencialmente amor, nosotros seremos amor según nos parezcamos a Él.
Cuando San Agustín nos dice: “Ama y haz lo que quieras”, es porque nuestra libertad es la propia de los hijos de Dios (San Agustín Homilía séptima), ( 1 Jn.4,4-12). Es una reflexión que Agustín desarrolla y que hoy nosotros tenemos medios que él no tuvo en cuanto al leguaje. Hay que amarse uno a sí mismo, saber lo que Dios lo ama, tener conciencia de sí. El cristiano está llamado a ser una persona cabal, una persona responsable y libre en sus acciones, tener capacidad de juzgarse para decir que sí a Dios y a los demás, para amar con plenitud de su realidad humana y para amar, no instinto, de quien se enamora, de quien necesita su amor. Saber que Dios está enamorado de nosotros, que perdona porque nos ama, como nosotros perdonamos porque amamos.
Esa es la vela que hemos de tener, una vela enamorada, no por obligación ni por miedo a que a cualquier hora del día venga el Señor y lo encuentre dormido, ausente, carente de preocupación por aquellos que tiene que atender por amor. Se nos va aclarando el amor verdadero para “hacer lo que queramos “ (San Agustín).
“Bienaventurados los que se hacen pobres” nos dice la primera bienaventuranza, porque nosotros nos hacemos de los demás; hoy lloramos por las víctimas de las guerras, nuestro quehacer es defender La Paz, aunque ello nos suponga ser incomprendidos. Ser generosos por amor con la Iglesia que es perseguida y asesinada. Son nuestros testigos de hoy, la “Sal de la tierra”, “dichosos ellos a quien el amo, al llegar, los encuentre portándose así”. “en vela. Os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”.
Creemos que nuestro quehacer en la Iglesia es otro: cumplir los mandamientos, rezar nuestras oraciones, ser buenas personas, ir a misa los domingos si nos es posible; todo de forma pasiva, nos conformamos, creemos con ser buenas personas. No nos damos cuenta que cada vez somos seres más insípidos, que el Señor nos dirá: “Al Angel de la Iglesia de Laodicea escribe así: “conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente voy a escupirte de mi boca” (Ap 3,14-17).
Frente a tantos mártires “calientes”, nuestro catolicismo de cristiandad es “tibio”, ese es el gran problema de la Iglesia de hoy, muy “católica”, pero poco cristiana.
Este año jubilar vemos, sobretodo en el Jubileo de la Juventud, una alegría de quien quiere ser feliz. Estemos atentos al mensaje del Papa León, que con gozosa alegría por sentirse joven con los jóvenes, es lo que hemos visto. Él pone su esperanza de misionero, en este “pequeño rebaño” que quiere seguir a Cristo Pastor.
Feliz domingo, calentemos nuestro corazón para que el “Señor cuando llegue y llame nos encuentre en vela y nos siente a su mesa. El Prior de la Sangre.
JNMESFA2025
