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I. Sentir

Después de cada tormenta, cuando el viento ha pasado y los ríos han roto sus márgenes, el alma del pueblo queda herida.


La lluvia, que debía traer vida, deja lodo, pérdidas y promesas olvidadas.
Así ocurrió una tarde, tras el paso de Melissa.
Y en medio del silencio posterior, un mensaje llegó desde Jarabacoa:
una voz sabia, la de un retirado sacerdote salesiano, decía:

“Tenemos que aprovechar el agua para que no se pierda, haga bien y no haga daño.”

Esas palabras, sencillas pero certeras, se clavaron como oración en la conciencia.
Porque cada gota que se va sin propósito, es futuro que escapa;
es una bendición desperdiciada, es una oportunidad perdida para dar vida, trabajo y alimento.

II. Pensar

La idea no es nueva, pero sigue esperando oídos. Construir pequeñas presas, pantanos o reservorios en todo el país no es un lujo: es justicia ambiental, economía solidaria y prevención social.

Los pueblos sabios convierten sus aguas en progreso.
España lo hizo — dice el exsacerdote —, y con sus pantanos comenzó el desarrollo.
¿Por qué no nosotros?

Cada temporada de lluvias deja daños que cuestan millones. Ese mismo dinero, invertido con visión, podría convertirse en infraestructura viva,en oportunidades rurales, en turismo sostenible y pesca responsable.

El agua no pide permiso para caer: nos visita a todos, sin distinción. ¿No deberíamos, como buenos anfitriones, retenerla con gratitud y sabiduría?

III. Actuar

Esta no es una propuesta técnica solamente; es un llamado ético a los que toman decisiones: escuchen la voz de la tierra y del pueblo.

El agua que hoy destruye puede mañana sostener. El método trípodeico nos enseña:

  • Sentir: el dolor y la pérdida.

  • Pensar: la idea y la visión.

  • Actuar: con compromiso y acción concreta.

Que no se quede en palabras ni en discursos. Que cada lluvia sea una promesa de vida, no una amenaza. Convertir el desastre en desarrollo, la lluvia en esperanza.
Ese es el Evangelio de la creación: cuidar la casa común, amar la tierra y servir a los demás.


🎶 CANCIÓN – “Agua que da vida”

(Versión salsa / adaptable a merengue)

Intro (voz hablada sobre percusión suave):

“Si el aire sopla y el río desborda,
no es castigo, es llamado del cielo.
Aprendamos a guardar la lluvia,
pa’ que riegue el alma y no el desconsuelo.”


Verso 1 (Salsa)

Después que Melissa lloró su canción,
el río creció con tanta pasión.
Francisco desde Jarabacoa escribió,
que el agua que sobra puede ser bendición.


Coro (Salsa)

¡Agua que da vida, no te me vayas!
Quédate en mis montes, quédate en mi playa.
Hagamos pantanos, sembremos mañana,
que el campo y el pueblo tengan su esperanza.


Verso 2 (Merengue, ritmo alegre y cadencioso)

Mira la lluvia cayendo en el llano,
besando la tierra con beso temprano.
Hazle su casa, su nido, su estanque,
que el sol no la evapore, que el pueblo la cante.


Puente (salsa-merengue combinado, llamada a la acción)

Del agua que inunda, nazca energía,
del lodo, cosecha, del daño, alegría.
No esperes al otro, ponte en camino,
que el agua bendita nos une el destino.


Coro final (voz coral, potente)

¡Agua bendita, agua que sana!
Eres trabajo, vida y esperanza.
Si te guardamos con fe y amor,
harás florecer la nación del Señor.

(Repite con coro infantil o voces femeninas angelicales.)

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