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Por Dr. Darío Nin – Sin Fronteras Digital
En un mundo hiperconectado donde las voces se cruzan sin escucharse, aún existe una línea abierta que jamás se satura: la conexión directa con Dios.
No requiere señal, ni red, ni intermediarios. Solo un corazón sincero y una oración exhalada con convicción.
De esa certeza nació “Qué Privilegio, Señor”, una alabanza que no pide, sino que agradece. No reclama, sino que reconoce el milagro cotidiano de poder hablar con el Dueño del Universo y ser escuchado.
Una canción nacida de la intimidad espiritual, inspirada en el capítulo 11 del Evangelio de Juan, donde Jesús, aun tardando en llegar, demuestra que su tiempo siempre es perfecto.
“Gracias por permitir la muerte de Lázaro y no apresurarte”, dice una de sus líneas.
Porque en la espera de la fe, Dios revela su gloria.
Porque cada aparente demora es un ensayo de resurrección.
La letra se transforma en oración:
“Hoy te pido, como a Lázaro, levántame de entre los muertos… devuélveme la vida y el aliento.”
Es la súplica de quien comprende que la resurrección no siempre ocurre en un sepulcro físico, sino en los corazones apagados, en los sueños olvidados, en las almas que dejaron de creer.
“Qué Privilegio, Señor” no es solo una canción: es un acto de fe, una conversación directa entre el alma y su Creador.
Una invitación a cerrar los ojos, abrir el espíritu y recordar que el cielo no necesita contraseña.
Solo verdad, humildad… y una oración viva.
Y al final, resuena como un eco de esperanza:
“Buen Pastor, por tu cuidado te alabo… dejaste la puerta abierta, y por convicción me salvo.”
Así se levanta esta alabanza: como un testimonio que no busca espectáculo, sino encuentro; que no apela a la emoción pasajera, sino a la certeza eterna de que Dios sigue escuchando… sin Wi-Fi, sin cables, sin fronteras.
Dr. Darío Nin – Sembrando fe, conciencia y esperanza.
🎵 “Qué Privilegio, Señor”
(Letra de alabanza inspirada en Juan 11 y oración de gratitud)
Verso 1
Qué privilegio, Señor, tener línea abierta contigo,
sin conexión, sin aparato, sin ruido, sin testigo.
Mi voz viaja al universo sin tener que pronunciarse,
tú la extraes del corazón, y la haces elevarse.
No me has dejado de lado, Señor amado,
mi oración sube al cielo, y tú me has escuchado.
Coro
¡Qué privilegio, Señor!, hablar contigo sin barrera,
sin internet, sin frontera, solo fe verdadera.
Tú escuchas el suspiro, el clamor escondido,
y me levantas cuando caigo, como a Lázaro dormido.
Verso 2
Gracias por permitir la espera, la demora bendita,
pues tu gloria se revela cuando el alma resucita.
Tardaste en llegar a Betania, mas no fue olvido,
sino amor divino que vence al tiempo y al sonido.
Puente
Hoy te pido, mi Señor y Dios,
levántame de entre los muertos,
devuélveme la vida y el aliento,
hazme creer más allá del momento.
Eres Dios de los vivos, no de los muertos,
Dios eterno, Padre perfecto.
En unidad contigo y el Santo Espíritu,
renuevas mi fe y mi propósito bendito.
Coro final
¡Qué privilegio, Señor!, sentir tu voz y tu ternura,
mi permanencia no es por cerradura, es por fe madura.
Buen Pastor, por tu cuidado te alabo,
dejaste la puerta abierta… ¡y por convicción me salvo!
Coda
Llama mi nombre, Señor, y cuando a ti venga atado,
ordena como en aquel día: “¡Desatadle y dejadlo ir liberado!”
Qué privilegio, Señor… hablar contigo y vivir para ti.
Dania