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Presidencia de México descalifica la marcha de la Generación Z

Por René Narváez Lozada – La Voz de México

Lo que viví el 15 de noviembre de 2025 en la Ciudad de México no me lo tienen que contar. Estuve allí, con mis propios ojos. Fui testigo de una marcha convocada por la Generación Z, que salió con un espíritu pacífico, familiar, y con demandas legítimas. Sin embargo, lo que comenzó como una protesta ciudadana terminó marcada por la sombra de la violencia… una violencia que no nació de quienes marchaban.

 Más de 60 jóvenes detenidos

En lugar de escuchar sus demandas, el gobierno ha optado por detener a más de 60 manifestantes, muchos de ellos acusados de delitos graves. ¿Qué clase de mensaje le estamos enviando a una generación que exige justicia y dignidad?

Yo lo vi: la marcha comenzó en paz

Mi ejercicio periodístico me llevó a caminar junto a ellos sobre Paseo de la Reforma, desde la glorieta hasta el Zócalo. Escuché consignas como “¡Queremos seguridad!”, “¡Cumplan lo prometido!” y “¡No más corrupción!”. Padres con sus hijos, jóvenes con banderas… un pueblo exigiendo su derecho a ser escuchado.

Pero también vi algo que me encendió las alarmas: grupos encapuchados, provocadores, infiltrados. En plena Reforma gritaban: “¡Es un honor estar con Obrador!”, provocando a los manifestantes. La respuesta de la gente fue clara: silbidos, rechazo, indignación. Sabían que esto no venía de ellos, sino de una estrategia para crear caos.

 ¿Por qué solo en la Ciudad de México hubo violencia?

Le pregunto a la Jefa de Gobierno Clara Brugada y a la presidenta Claudia Sheinbaum: ¿Cómo se explica que solo en la capital se registraran disturbios? En estados como Monterrey, Jalisco, Guerrero, Yucatán, Durango y Veracruz, las marchas fueron pacíficas. Sin represión. Sin montajes. Sin violencia.

¿No es extraño que donde gobierna Morena fue precisamente donde hubo “confrontaciones”? Lo que viví me permite afirmar: la violencia no nació de los manifestantes, sino de los infiltrados.

Infiltrados, provocadores y el viejo método del porrazo

En el Zócalo, ya estaban esperándolos. Encapuchados detrás del muro metálico, listos para comenzar el desorden. Objetos lanzados a la policía, intentos de derribo de vallas, golpes… lo vimos, y hay videos circulando por todo el país.

Cuando estalló el desorden, ¿quiénes fueron los agredidos? Niñas, niños, jóvenes, adultos mayores… familias. La policía arremetió con golpes, patadas y macanas contra gente pacífica. Uno de ellos llevaba la bandera de México cuando fue brutalmente golpeado. Esa imagen recorrió el mundo entero. ¿Y aún quieren hacernos creer que eran los manifestantes los violentos?

Nuestra protesta: firme y respetuosa

Desde esta tribuna me uno a los miles que alzamos la voz ante la represión injusta. Este gobierno parece haber olvidado una lección básica: violencia genera violencia, y la represión solo aviva la indignación.

Las protestas no son un capricho de jóvenes. Son el reflejo de un país cansado de corrupción, impunidad y de gobiernos que se justifican con el pasado. Cuando los cuestionan, algunos miembros de Morena responden: “Los anteriores eran peores”. Pero olvidan, convenientemente, los escándalos de Bejarano, de Imaz, del propio entorno de López Obrador. El lema “no robar, no mentir, no traicionar” suena hoy hueco, cuando la realidad contradice la consigna.

¿Y ahora qué?

Le exijo a la Jefa de Gobierno y a la presidenta que asuman su responsabilidad. Que liberen a quienes fueron detenidos sin haber participado en disturbios. Que dejen de proteger a sus provocadores encapuchados. Que dejen de usar la fuerza para callar al pueblo.

México merece gobernantes que escuchen y transformen. No que repriman y manipulen.

Yo estuve ahí. Nadie me lo contó.
Y por esta voz… y por todas las que no pueden hablar, seguiré denunciando lo que vi.

René Narváez Lozada
La Voz de México

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“Yo estuve ahí: Nadie me lo contó”
(Crónica hablada desde el corazón de México)
Por: René Narváez Lozada – La Voz de México

Yo estuve ahí. Nadie me lo contó.

Fui testigo de cómo la juventud de México se lanzó a las calles el 15 de noviembre, con la bandera en el alma y el grito de libertad en la garganta. Marcharon con respeto, con dignidad… y con esperanza.

Pero lo que empezó como una protesta legítima… terminó manchada por provocación y violencia.

Porque allí estaban ellos… infiltrados entre la gente. Encapuchados, provocadores, grupos de choque… los mismos métodos viejos para justificar la represión.

“Es un honor estar con Obrador”, gritaban en Reforma. Pero el pueblo les respondió como sabe: con dignidad. Con un ¡NO! en la cara y un silbido de rechazo.

Y yo me pregunto…
¿Por qué solo en la Ciudad de México hubo violencia?
¿Por qué en las otras ciudades del país —en Monterrey, en Jalisco, en Yucatán— las marchas fueron en paz?

Yo lo vi…
En el Zócalo ya los esperaban.
Los encapuchados empezaron los destrozos. Aventaron objetos. Rompieron vallas. Y así dieron el pretexto para soltar a la policía como perros de ataque contra gente pacífica… contra familias… contra niños.

Hay una imagen que le dio la vuelta a México:
Un joven cargando la bandera… recibiendo golpes salvajes. ¿Hasta dónde hemos llegado?

Y mientras tanto…
¿Y los que mandaron a esos provocadores?
¿Y los que callan desde Palacio?

Presidenta Claudia… usted sabe lo que significa la represión. Usted vivió esto desde el otro lado. ¿Por qué repetir la historia con otras víctimas?

Hoy el pueblo está cansado.
Cansado de corrupción.
Cansado de discursos vacíos.
Cansado de que cuando se les señala, contesten: “¡Los anteriores eran peores!”

Pero México ya no se traga ese cuento.
No más mentiras.
No más encapuchados del gobierno.
No más violencia disfrazada de orden.

Yo estuve ahí. Nadie me lo contó.
Y desde este micrófono, desde esta trinchera, alzo mi voz por los que no pueden.

Porque La Voz de México jamás callará frente a la injusticia.

René Narváez Lozada
La Voz de México

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