|
En audio
|
Por Darío Nin
La reciente sentencia del Tribunal Constitucional que despenaliza las relaciones consensuadas entre personas del mismo sexo dentro de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas ha generado un intenso debate en nuestra sociedad. Algunos celebran el fallo como un triunfo de los derechos fundamentales; otros lo ven como un golpe a las convicciones morales tradicionales.
Yo, que soy a la vez cristiano y servidor público, no puedo ignorar ninguna de las dos dimensiones: mi fe y mi responsabilidad constitucional.
Entre ambas, lejos de un conflicto, encuentro un puente.
Jesús no pidió imponer la fe: pidió anunciarla En los evangelios, Jesús no demandó al Estado romano que regulase la moral. No pidió leyes para obligar a creer, ni sanciones civiles para controlar la conducta privada. Al contrario, Él marcó una separación clara:“Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.” Con esta frase, Jesús estableció dos jurisdicciones distintas: la del Estado, que administra derechos y deberes ciudadanos,y la del Reino de Dios, que administra convicciones espirituales.
El Estado protege libertades. Dios transforma corazones. Son dos caminos distintos, aunque se encuentren en la persona humana.
El amor a Dios solo existe si hay libertad para elegirlo : La Biblia nunca muestra a Dios forzando a nadie a amarlo. Ni a Adán, ni a Israel, ni al joven rico, ni siquiera a Judas.
Dios respeta profundamente la libertad humana, aun cuando el ser humano la use para alejarse de Él, Porque sin libertad no hay amor; sin libertad, no hay fe.
Por eso, desde mi identidad cristiana, entiendo algo fundamental: proteger la libertad del otro no traiciona mi fe; la refleja.
Sodoma y Gomorra: una historia mal interpretada Con frecuencia, se utiliza la historia de Sodoma y Gomorra como argumento moral en temas como estos.
Sin embargo, la misma Biblia corrige esa percepción. Ezequiel 16:49 encontramos: “Esta fue la maldad de Sodoma: soberbia, saciedad de pan, abundancia de ociosidad, falta de atención al pobre y al necesitado.”
El pecado de Sodoma independientemente que lo fuera su orientación sexual, no radico necesariamente en esto, sino la combinación mortal de la injusticia, el abuso y la violencia.
Pero hay algo más revelador aún: Abraham no pidió destrucción. Pidió misericordia.
Intercedió, insistió.
Un hombre de fe no suplica por castigo… sino por oportunidad. Eso también es evangelio.
Es propicio recordar aquí , que la fe cristiana no se sostiene desde la persecución, sino desde el testimonio
Como Defensor del Pueblo, me corresponde garantizar los derechos fundamentales:
la dignidad, la igualdad, la intimidad y el libre desarrollo de la personalidad.
Eso no contradice mi fe. Mi fe me manda a predicar y a amar, pero nunca a cancelar derechos civiles, ni a imponer doctrinas religiosas como políticas de Estado.
Dios se ama por convicción, no por obligación. El evangelio no se arma con códigos penales, sino con vidas transformadas.
Visualicemos a Jesús ante la mujer pecadora: el silencio que sigue hablando. Cuando llevaron ante Jesús a la mujer sorprendida en adulterio “en el acto mismo”, todos esperaban una condena. Jesús no negó la gravedad del pecado; pero tampoco autorizó la lapidación. Escribió en la arena y pronunció una sentencia que hoy sigue quebrando orgullos: “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra.”Con esta frase, Jesús enseñó tres cosas:
El juicio final es de Dios. El convencimiento es obra del Espíritu Santo. La misión del cristiano es anunciar, no condenar. El llamado de la Iglesia es a ser el último batallón ético y moral
El mundo tomará decisiones propias. La Iglesia también debe tomar las suyas. El mundo legisla. La Iglesia discipula. El mundo regula convivencia. La Iglesia moldea conciencia.
El Estado protege la libertad civil. La Iglesia anuncia la libertad espiritual.
Si queremos evitar un libertinaje que provoque dolor social o un colapso moral,
es en nuestras casas, nuestras congregaciones y nuestras familias donde debemos reforzar la verdad, la convicción, la formación y el amor.
Prediquemos a tiempo y fuera de tiempo. Que el Espíritu Santo haga la obra de convencer
—de pecado, de juicio y de justicia—como Jesús prometió.
En conclusión: Como cristiano, sostengo mis convicciones. Como Defensor del Pueblo, sostengo la Constitución.
Y como hijo de Dios, reconozco que las piedras no son mías para lanzarlas.
Mi deber es defender derechos, enseñar principios, predicar a Cristo,
y permitir que Dios haga lo que solo Él puede hacer: transformar corazones en libertad.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo!!!
DANSFDSDERD20112025 Dania
