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Por Joaquin Núñez

No tenemos hoy las mismas circunstancias históricas que motivó a Pio XI en la Encíclica “Quas Primas” instituir la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, ni tan siquiera el traslado que San Pablo VI hizo al trasladar en el año 1969 esta fiesta como colofón del año litúrgico, antes de Primer Domingo de Adviento.

Pio XI, situando a Jesús como dueño de todo lo creado, luchando contra una sociedad, entre guerras, secularizada. Una actitud de otros tiempos. San Pablo VI hizo lo mejor que pudo, como hombre de Concilio Vaticano II, presentando un Rey Servidor y Salvador de la Humanidad.

En el final del año del Evangelista San Lucas, la liturgia pone en boca de un condenado a muerte, por ser un criminal, la defensa de un Justo y conocerse culpable. “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”, y la más consoladora respuesta de Jesús que lo absuelve de sus pecados, ”Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Que cercano se nos hace este Rey que solo quiere que confiemos en su amor, que nos transforma y hace que digamos con el centurión, reconociendo nuestra indignidad: “Señor no soy digno de que entres en mi casa” (Mt. 8, 5-11).

Esta Fiesta es una invitación a reflexionar sobre la naturaleza del reinado de Cristo, podemos decir que su reinado se manifestará plenamente en la consumación de los tiempos. En ese “Hoy estaréis conmigo en el paraíso”, no podemos argumentar como un Rey poderoso que nos da armas para argüir contra los enemigos de la Iglesia.

Que Jesucristo es rey, es algo que Pilatos lo escribió en la tablilla sobre la Cruz, y que Jesús reconoció (Mt.27:11), (Mc.15:2), (Lc. 23:3), (Jn.18:33). ¿Tu eres Rey? Jesús le responde: ”Tu lo has dicho, yo soy Rey”, pero mi reino no es de este mundo, o lo que es lo mismo: ni como los de este mundo, ni para dominar al mundo, sino para salvar el mundo.

La siguiente pregunta es la que cada cual de nosotros nos hemos de formular: En todo reino hay Rey y súbditos, en este caso el Rey sabemos quién es, ¿y los súbditos?.
Todos los días y muchas veces, rezamos: Padre nuestro que estás en el cielo, y le pedimos, venga a nosotros tu reino. Es una petición central en esta petición que Jesús nos enseñó.

Pedimos que reine Dios en la vida de las personas y en el Mundo. Este mundo tan carente de la Paz y tan lleno de guerras, donde falta lo más sagrado, el respeto a la creación y todo lo creado. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, todos sabemos cuál es su voluntad ”sed Santos como vuestro Padre celestial es Santo” (1 Pe.1:16), (Mt. 5:48).

Rezamos demasiado deprisa sin atender lo que estamos pidiendo, porque cuando lo hacemos dominan nuestras peticiones y necesidades sin pensar en los demás; el Padre nuestro es una oración plural, donde pedimos para todos y por todos, sean creyente o no creyentes, de nuestro credo o no, para que en todos construyamos La Paz y ser bienaventurados hijos de Dios.

Feliz domingo, ser santos es nuestra vocación primera. ”Hágase en mi tu Palabra” dijo María en la respuesta al Ángel, al cumplir la Voluntad del Señor; que seamos capaces de cumplir la nuestra.

El Prior de la Sangre de Cristo.

 

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