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Por Dario Nin

“El Guardacostas de la Economía Dominicana”

El nueve  (9)de octubre de mil novecientos cuarenta y siete, (1947) desde un puerto dominicano, zarpó un barco distinto a todos.

No llevaba velas ni cañones. Llevaba una misión.
Nacía el Banco Central de la República Dominicana, un buque insignia llamado a proteger la economía del país.

Su brújula inicial fue la Ley Orgánica mil quinientos veintinueve, y desde su primer viaje —el veintitrés de octubre de ese mismo año— comenzó a navegar con autonomía, firmeza y dirección clara.

Con el tiempo, nuevas corrientes trajeron la Ley Monetaria y Financiera, que afinó su timón para enfrentar mares más complejos.
Sobre la cubierta mayor, la Junta Monetaria se convirtió en la torre de mando.
Nueve miembros, tres de ellos ex oficio —el gobernador, el ministro de Hacienda y el superintendente de Bancos— lideran decisiones que marcan el rumbo del país.

Ellos deciden las políticas monetarias, cambiarias y financieras.
Aprueban programas, reglamentos, presupuestos…

indican quién puede operar en el sistema financiero y quién no.

Vigilan, regulan, escuchan, corrigen el curso cuando las olas se vuelven altas.
Mientras tanto, en la sala de máquinas, el Banco Central ejecuta.
Emite el dinero que mueve nuestra vida diaria.
Controla la inflación para que haya estabilidad, educación, futuro…
Administra las reservas internacionales, como un guardacostas que protege el tesoro de la nación.

Supervisa los sistemas de pago, resguarda la liquidez, mantiene la confianza.
Analiza riesgos, propone medidas, vela por el valor de nuestra moneda.
Y cuando soplan vientos peligrosos… contrarresta toda tendencia inflacionaria para que el barco país siga firme.

Hoy, República Dominicana navega con mayor seguridad porque este barco nunca duerme.
Porque su tripulación permanece vigilante.

Porque sabe que cada dominicano —cada estudiante, cada trabajador, cada madre, cada emprendedor— merece vivir en un mar económico estable.

Esta es la historia del guardacostas silencioso que protege nuestros sueños.
Una historia que vale la pena contar… cantar… y enseñar.

 

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