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Por Dario Nin

Recientemente estuve en Madrid para recibir el Premio Fractales del Cambio, otorgado por el Instituto de Estudios de Posgrado (ILEP), junto a diecisiete personas provenientes de distintas partes del mundo. Más allá del honor que representa este reconocimiento, el viaje se convirtió en una experiencia profundamente humana y reveladora.

Mi hija, mi nieto y su esposo —residentes en Murcia— fueron por mí  a Madrid con un tour planificado para mi. No se trató de una simple vueltecita. El recorrido incluyó Segovia, Ávila, y otros pueblos cargados de historia. en esta primera parte

Luego en una segunda parte, con la complicidad de mis cuñados; y la agradable compañía de mi esposa quien se me unió unos días después y mis amigos  Mexicanos Rene Narvaez y su esposa Graciela  visitamos Xàtiva en donde pernotamos dos días en un pequeñito hotel local, pero privilegiadamente  al lado del legendario Castillo de Xàtiva  en donde mi amigo Marcos Soriano y su amable esposa Lola, se convirtieron en nuestros guías y anfitriones.  Mi Yerno Luis vino por  nosotros y con el partimos a Valencia, en donde Rene Y Graciela  tomaron el Ave de Regreso a Madrid y  mi esposa mi yerno  y yo, continuamos  por la costa mediterranea  hasta Murcia. En cada trayecto hubo cuidado, afecto y tiempo compartido, valores que no se miden en kilómetros, ni en nada que se pueda comprar.

Agradezco a Dios por ellos y también por quienes tanto los que me acompañaron   como por los que  nos asistieron con generosidad y amor: mis cuñados Belkis y Juan Luis; mis hermanos Súlgida y Leo; y mis entrañables amigos Marcos y Dolores, en Xátiva  y por supuesto, mi hija Dariannis, mi yerno Luis y mi nieto Darío Emilio. y todos los que nos asistieron en mayor o menor grado.  Callarlo sería ingratitud.

En esos recorridos fui testigo de realidades que anhelo escuchar algún día sobre mi país: un sistema de salud que la gente valora y agradece;
agua potable que se bebe del grifo con confianza;
carreteras seguras, iluminadas y bien señalizadas;
ciudades limpias y organizadas;
plazas, monumentos e historia cuidadosamente preservados;
un medio ambiente protegido; y, sobre todo, ciudadanos empoderados que vigilan, exigen y defienden la cosa pública.

No se trata de idealizar. También existen carencias y problemas. Pero lo bueno merece ser reconocido y aprendido. Replicado…

Podemos hacerlo mejor como sociedad. Podemos construir un país más digno si asumimos el compromiso ciudadano, si dejamos de esperar que todo lo resuelva “otro” y entendemos que la patria no es solo un discurso, un himno o una bandera.

La patria es una práctica diaria hecha de respeto, cuidado, participación y responsabilidad compartida.

No se trata de copiar modelos sin pensar, sino de asumir que hay cosas que funcionan porque hay cultura cívica, educación y voluntad colectiva. Y eso también se puede construir en cualquier lugar del mundo si existe decisión y conciencia.

Este mensaje no quise dejarlo solo en palabras. Por eso lo transformé en canciones reflexivas, porque la música también educa, convoca y despierta conciencia. Desde distintos géneros —balada pop, salsa, merengue, bachata y rap— el mensaje es uno solo: creer en lo nuestro, cuidar lo público y comprender que un país mejor no es un sueño ajeno ni una utopía lejana, sino una tarea común.

Ojalá estas líneas no se queden en una simple lectura. Ojalá sirvan para provocar conversación, reflexión y, sobre todo, acción. Porque cuando un pueblo cree que puede, comienza a cambiar su destino.

Gracias a quienes leen, comparten y reflexionan.
Gracias a quienes aún creen que sí se puede.

Nos volveremos a ver en el camino.
Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo!!!

DANSFD SDEED16122025 (Dania)

 

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