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Inspirada en “El miedo a la Libertad” de Erich Fromm
Por Dario Nin

El ser humano nació para ser libre, pero no siempre sabe qué hacer con esa libertad. Durante siglos soñó con romper cadenas, con dejar atrás autoridades, dogmas y miedos. Sin embargo, cuando por fin se encontró solo frente a sus decisiones, descubrió algo inquietante: la libertad también pesa. Ser libre significa hacerse responsable de la propia vida, elegir sin garantías y caminar sin mapas seguros. Y no todos están dispuestos a pagar ese precio.
Por eso, muchas personas no huyen de la opresión, sino de la libertad misma. Buscan refugio en líderes fuertes, en ideologías cerradas, en normas rígidas que les digan qué pensar, cómo vivir y a quién culpar. Someterse resulta más cómodo que decidir. Obedecer alivia la angustia de elegir.
Otros escapan de una forma más silenciosa: se vuelven iguales. Piensan como todos, desean lo que todos desean, repiten palabras que no nacieron en ellos. Creen ser libres porque nadie los obliga, pero en realidad viven atrapados en el conformismo. Es el escape más común: parecer libre sin serlo.
Cuando la vida se vuelve insoportable y no hay salida interior, algunos eligen destruir. Si no pueden cambiar el mundo ni cambiarse a sí mismos, prefieren romperlo todo. La violencia, el odio y el desprecio son, muchas veces, gritos desesperados de quien no encontró un sentido propio.
La libertad negativa —liberarse de algo— no basta. No alcanza con romper cadenas si no sabemos para qué somos libres. La verdadera libertad es creadora: es la capacidad de amar, de pensar críticamente, de construir algo que tenga sentido más allá del miedo.
El sistema moderno promete éxito, pero muchas veces produce vacío. Las personas se convierten en mercancía: valen por lo que producen, por lo que aparentan, por lo que otros validan. Así, la identidad se vuelve frágil, dependiente del aplauso y aterrada por el rechazo.
Frente a esto, el amor aparece como una forma madura de libertad. No como fusión ni dominio, sino como encuentro entre dos seres completos que no renuncian a sí mismos. Amar es permanecer libre junto a otro, no desaparecer en él.
La verdadera libertad exige coraje. Coraje para pensar por cuenta propia, para asumir errores, para vivir sin disfraces. Nadie nace preparado para eso. La libertad se aprende, se ejercita y se conquista cada día.
Ser libre no es hacer lo que quiero.
Es hacerme responsable de lo que hago.
Y solo quien acepta esa responsabilidad puede decir, sin miedo, que está vivo
DANSFDSDERD23122026 (Dania)
