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El hombre que decide no ser mediocre
Por Darío Nin
Hay vidas que parecen correctas… pero vacías.
Se levantan, trabajan, obedecen, repiten… y llaman a eso vivir.
La mediocridad no grita.
No hace escándalo.
Solo te susurra: “No pienses demasiado, no te arriesgues, sé como todos”.
El mediocre se adapta sin cuestionar.
Se protege con la multitud, porque le teme a la soledad del pensamiento propio.
Prefiere el aplauso barato antes que la voz interior.
Pero el ser humano fue hecho para algo más grande.
Los que viven por ideales no siempre son comprendidos.
A veces parecen locos.
No eligen el camino cómodo, sino el que tiene sentido.
La rutina, cuando no hay ideales, mata el espíritu.
La vida se vuelve mecánica… una copia mal hecha de otras vidas.
Y cuando falta valor, la mediocridad se disfraza de prudencia.
La llaman “realismo”, pero es miedo.
Miedo a fallar, miedo a destacar, miedo a vivir en serio.
El éxito no siempre es grandeza.
Hay quienes suben muy alto… pero por dentro están vacíos.
Triunfan en los escenarios del mundo, pero fracasan ante su propia conciencia.
El mediocre desprecia lo superior porque lo confronta con su pequeñez.
Ridiculiza, critica, minimiza…
Todo lo que lo obliga a crecer, lo molesta.
Pero la historia avanza gracias a unos pocos inconformes.
Personas que no aceptaron lo “normal”,
que eligieron el ideal antes que la comodidad.
La dignidad nace de la coherencia interior.
El valor de un hombre —de una mujer—
no se mide por el ruido que hace afuera,
sino por la fidelidad a sus principios cuando nadie lo ve.
Hoy, cada uno decide:
¿seguir la corriente…
o atreverse a vivir con ideales?
No vinimos a ser copias.
Vinimos a ser conciencia, coraje y destino.
DANSFDSDERD24122025 (Dania)
