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Cuando el dolor llama, la prudencia se inclina
Por Dario Nin
Hoy no escribo para contar una historia que conmueva. Escribo para provocar una reacción.
“Cuando el dolor arrecia, la prudencia se inclina.”
“Los buenos son más, aunque los malos hagan más ruido.”
“No necesitamos más análisis del sufrimiento, necesitamos más interrupciones del sufrimiento.”
“Ponte en su lugar y siente que se siente.”
Un joven maestro del interior del país, de esos que enseñan con más vocación que salario, me llamó. No llamó por protocolo, ni por trámite, ni por costumbre. Llamó porque el dolor le apretaba el alma. Tras una cirugía, una bacteria se instaló en su cuerpo y le prolongó indefinidamente la recuperación. Y cuando el tiempo se vuelve incierto, la carga pesa el doble.
Me dijo que sintió en su corazón que debía llamarme. No porque yo tuviera todas las respuestas, sino porque a veces el dolor busca un puente.
Yo sabía que por mí mismo podía hacer poco. Y le di lo que tenía. Como Pedro ante el hombre en la puerta del templo: no oro ni plata abundante, pero sí la voluntad de no dejarlo solo.
Pero ahí comprendí algo: la solidaridad no es un sentimiento, es un movimiento.
Activé el radar. Toqué puertas. No era la hora prudente. No era el momento cómodo. Pero cuando el dolor arrecia, la prudencia se inclina y saluda. Porque hay urgencias que no caben en el horario.
Y la respuesta fue inmediata.
No hubo discursos largos. Hubo intención convertida en acción. Hubo manos extendidas. Hubo recursos movilizados. Hubo compromiso. Y entonces confirmé algo que debemos repetir hasta creerlo: los buenos son más, aunque los malos hagan más ruido.
Hoy no quiero facturar méritos. Quiero multiplicar gestos.
La empatía es noble, pero insuficiente cuando se queda en contemplación. Es sentir el dolor desde afuera. La solidaridad es más profunda: es sentir desde adentro y decidir cargar un tramo del peso.
No necesitamos más análisis del sufrimiento.
Necesitamos más interrupciones del sufrimiento.
La diferencia entre una sociedad sensible y una sociedad solidaria es simple: la primera comenta, la segunda actúa.
Si el dolor llama a tu puerta, no preguntes si puedes resolverlo todo. Pregunta qué parte te toca. A veces no se trata de salvar a alguien, sino de no dejarlo solo.
Porque cuando el dolor arrecia, la prudencia se inclina…
y el corazón que actúa se convierte en respuesta.
