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Por Dario Nin
Padres, jóvenes y todos los presentes, hoy me dirijo a ustedes con el corazón lleno de gratitud y esperanza. Quiero exhortar a la juventud: “no aspiren solo a ser gente importante; aspiren a ser necesarios”, porque los necesarios siempre serán los verdaderamente importantes, mientras que los importantes no siempre serán necesarios.
Al llegar lejos, recuerden devolver, practicando la justicia relacional, porque todos hemos recibido algo, y debemos devolver algo antes de partir de esta existencia.
Quiero compartir tres anécdotas que marcaron mi camino. La primera es de mi profesora de segundo curso, quien me dio un consejo que transformó mi vida: me enseñó a amar la escuela, a comprender que el aprendizaje es un camino de vida, por el que se abandonan las carencias
La segunda anécdota la recibí del padre del actual síndico del pueblo Hugo Matos. Él me dijo que no todo lo que se ve hermoso desde lejos es bueno; cuando llegas allí, a veces hay descuido, desperdicio, animales muertos. No todo lo que brilla es oro, y debemos tener precaución. yo era un adolescente entonces y llevo en mi cabeza la imagen de su consejo
La tercera anécdota fue una discusión, entre comillas, que tuve en cuarto curso con un profesor (Nelkin Volquez) Me sorprendió con el lápiz en la boca y me dijo: “Darío Nin, sácate ese lápiz, eso no se come”. Yo, para no ceder, respondí que, en realidad, ese lápiz sí se come, porque con él voy a comer toda mi vida. Y, hace un par de meses, él me llamó, más de 50 años después, y me dijo: “Darío Nin, sigues comiendo con el lápiz, ese lápiz que produjo cosas”.
Y así, hace poco, regresé al pueblo. En ausencia de una maestra, hablé con los chicos del quinto curso, llevándoles mi conversatorio “Yo también puedo”. Les dije que, así como otros vencieron sus adversidades, ellos también pueden. Que sigan adelante, porque su lápiz, su voz, es la llave de su futuro.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la Próxima. Que Dios nos continue bendiciendo!!! DAN
