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Por Dario Nin
“No toda decisión legal construye una mejor sociedad.”
Hay decisiones que cambian una vida, otras cambian una familia. Algunas cambian una institución y unas pocas cambian el destino de un país.
Lo sorprendente es que casi nunca recordamos esas decisiones por el procedimiento utilizado para tomarlas. Las recordamos por las consecuencias que produjeron.Vivimos en una época donde escuchar la frase “actué conforme a la ley” parece suficiente para justificar cualquier acción. Sin embargo, la historia demuestra que no siempre lo legal ha sido correcto; que no siempre lo correcto ha resultado justo; y que, incluso cuando una decisión ha buscado justicia, la falta de sabiduría ha terminado produciendo nuevos conflictos.
Tal vez ha llegado el momento de hacernos una pregunta diferente. No solamente si es legal, sino también si es correcto, si es justo y si es sabio. Porque una sociedad madura no se construye únicamente obedeciendo normas.
Se construye aprendiendo a decidir y pasando la cuestión por los siguientes filtros: Lo legal a lo que se llega respondiendo a una pregunta sencilla: ¿Qué dice la ley?
Recordemos que las leyes organizan la convivencia, establecen límites, crean derechos y determinan responsabilidades. Sin ellas reinaría el caos. Por eso, quien ejerce una función pública tiene el deber de respetarlas y hacerlas respetar.
Pero la ley, por sí sola, no siempre responde todas las preguntas humanas. La historia está llena de normas que fueron legales mientras estuvieron vigentes y, sin embargo, hoy las consideramos profundamente injustas: La esclavitud fue legal en numerosos países. Igualmente la segregación racial y también la discriminación contra la mujer estuvo respaldada por leyes durante siglos.
La legalidad depende del legislador. La dignidad humana, en cambio, trasciende las épocas. Por eso, la legalidad constituye el punto de partida, pero nunca debería convertirse en el punto final de nuestras decisiones.
Un segundo filtro es lo correcto. Lo correcto responde a otra pregunta.¿Qué me dice la conciencia?
Aquí aparece la ética. Dos personas pueden conocer exactamente la misma ley, pero una la utilizará para proteger. La otra buscará la manera de aprovechar un vacío legal para perjudicar.
La diferencia no está en el conocimiento,está en los principios.Lo correcto exige honestidad incluso cuando nadie observa.Implica actuar conforme a valores como la integridad, la verdad, el respeto y la responsabilidad. Es el momento en que la conciencia comienza a dialogar con la ley.
El tercer filtro es lo justo. Lo justo plantea una pregunta todavía más profunda: ¿Estoy dando a cada persona lo que realmente le corresponde? La justicia no significa tratar a todos exactamente igual, significa reconocer que cada situación posee circunstancias distintas.
Aplicar una norma ignorando completamente la realidad de las personas puede convertir una decisión impecable desde el punto de vista jurídico en una decisión profundamente inhumana. La justicia mira el expediente, pero, también mira al ser humano que está detrás del expediente. No elimina la ley sino que la humaniza.
Finalmente aparece el cuarto filtro, lo sabio; es el filtro más olvidado o por lo menos el menos utilizado. La sabiduría eso que pidió Salomón a Dios para gobernar un pueblo como el que le tocó. Lo sabio pregunta: ¿Qué consecuencias producirá esta decisión mañana?
Una decisión puede cumplir la ley, puede responder a principios éticos, puede incluso parecer justa. Pero si genera un daño mayor que el problema que pretendía resolver, difícilmente podrá llamarse sabia. La sabiduría observa más allá del presente, piensa en las generaciones futuras, calcula el impacto social, valora el costo humano.
Lo sabio no decide únicamente para resolver el conflicto de hoy sino que decide para evitar el conflicto de mañana.
Cuando los cuatro filtros hacen sinergia aparece la excelencia esta aparece cuando una decisión logra superar las cuatro preguntas.¿Es legal?¿Es correcta?¿Es justa?¿Es sabia?
Cuando falta una de ellas, la decisión pierde fuerza, puede ser legal, pero inmoral. Puede ser correcta moralmente, pero injusta. Puede ser justa en apariencia, pero imprudente.
El verdadero desafío consiste en encontrar el punto donde las cuatro convergen. Ese punto no siempre es fácil de alcanzar, pero precisamente allí comienza el auténtico liderazgo.
Hoy hago una propuesta para decidir mejor: El Método Tripodeico.
Durante años hemos insistido en enseñar normas, después incorporamos conocimientos técnicos. Más tarde hablamos de competencias.
Sin embargo, la Inteligencia Artificial ha puesto de manifiesto una realidad inevitable: la información, por sí sola, ya no distingue a las personas.Lo que realmente las distingue es la calidad de sus decisiones.
Por eso propongo mirar cada decisión desde el Método Tripodeico (SEPA): Sentir, Pensar y Actuar.
Sentir significa reconocer la dignidad humana de quienes serán afectados. Ninguna decisión debería olvidar que detrás de cada expediente hay personas, familias y proyectos de vida.
Pensar implica analizar los hechos con rigor, comprender la Constitución, las leyes, los principios éticos y las posibles consecuencias. Pensar evita que el poder se convierta en arbitrariedad.
Actuar representa el momento de la decisión. Pero actuar bien exige pasar previamente por los cuatro filtros: que la decisión sea legal, correcta, justa y sabia.Solo entonces el conocimiento deja de ser información y se transforma en criterio.
Solo entonces el poder deja de ser autoridad para convertirse en servicio. Solo entonces el servidor público deja de limitarse a cumplir funciones y comienza a construir confianza.
A ti, que ahora me lees o me escuchas te tengo una invitación especial: La próxima vez que debas tomar una decisión importante, no te conformes con preguntarte si la ley te autoriza. Pregúntate también si tu conciencia la aprueba, pregúntate si la persona que recibirá sus efectos está siendo tratada con verdadera justicia. Y, finalmente, pregúntate qué consecuencias dejará esa decisión cuando el tiempo haya pasado.
Tal vez descubras que decidir bien no consiste únicamente en conocer la ley.Consiste en desarrollar la sensibilidad para comprender al ser humano, la inteligencia para analizar cada situación, el carácter para hacer lo correcto y la sabiduría para construir un futuro mejor.Porque las sociedades no se transforman únicamente con nuevas leyes.
Se transforman cuando quienes tienen el privilegio de decidir aprenden a pasar cada una de sus acciones por cuatro preguntas sencillas y, al mismo tiempo, profundamente revolucionarias:¿Es legal?¿Es correcto?¿Es justo?¿Es sabio?
Y quizás, solo quizás, la calidad de nuestras instituciones no dependa únicamente de las leyes que aprobemos, sino de la calidad humana de quienes las interpretan y las aplican.
Te refuerzo con esto:“La ley nos dice lo que podemos hacer. La conciencia nos recuerda lo que debemos hacer. La justicia nos exige hacer lo que corresponde.
Pero la sabiduría nos enseña cuándo, cómo y por qué hacerlo.”
“Darío Nin
Creador del Método Tripodeico (SEPA): Sentir, Pensar y Actuar.”
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la Próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo!!!
