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Por Darío Nin.
Mientras transitaba por una zona agrícola de la provincia La Vega, carretera San Francisco, observé una escena que, lamentablemente, se repite con frecuencia: la quema de residuos de cosechas.
A la distancia, se observaba una densa columna de humo que, empujada por el viento, se extendía hacia las comunidades cercanas. Surge entonces una pregunta importante: ¿qué pasa cuando ese humo afecta la salud de las personas y la calidad del aire que todos respiramos?
Es importante aclarar que no toda quema constituye el delito de ecocidio previsto en el nuevo Código Penal. Pero, eso no significa que esta conducta quede fuera del alcance de la ley.
La Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00), establece en su artículo 92 lo siguiente: “La Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en coordinación con la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social, y los ayuntamientos, regulará las acciones, actividades o factores que puedan causar deterioro y/o degradación de la calidad del aire o de la atmósfera.”
Esto deja claro, que la protección del aire es de interés público. No se trata únicamente de evitar incendios forestales, sino de prevenir aquellas actividades que generen contaminación atmosférica y pongan en riesgo la salud colectiva.
Cuando una quema incumple las normas ambientales y produce contaminación o riesgos, el Ministerio puede imponer medidas administrativas que incluyen multas, suspensión de la actividad, e incluso sanciones penales en ciertos casos.
La producción agrícola es un pilar de nuestro país y merece todo nuestro reconocimiento. Pero el progreso del campo no debe construirse a costa de la salud de las comunidades ni del deterioro ambiental.
Hoy existen alternativas técnicas para el manejo de residuos agrícolas que reducen significativamente la contaminación y favorecen una producción más sostenible. El aire limpio no es un lujo, es un derecho vinculado a la vida y a la dignidad.
Proteger el medio ambiente no es una responsabilidad exclusiva de las autoridades, sino un compromiso compartido entre productores, ciudadanos e instituciones. Las buenas cosechas alimentan a un pueblo, pero el respeto a la ley y al medio ambiente garantizan que ese pueblo pueda vivir y respirar con dignidad. De nuestra parte conjuntamente con esta reflexión estamos procediendo con lo propio
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.
