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Darío Nin
[INTRO HABLADA — breve, piano solo]
Yo tenía ocho años
y no quería estudiar.
Pero una maestra creyó en mí
antes de que yo creyera en mí mismo.
Su nombre era Belencita.
[VERSO 1]
Me escapaba de la escuela,
inventaba algún dolor;
y en los juegos del camino
se perdía mi ilusión.
Pero un día aquella maestra,
sin maltratos ni regaños,
me hizo mirar mi pobreza
y pensar en el mañana.
“Darío, estudia y podrás
construir algo mejor”.
Yo era un niño y no sabía
que sembraba en mi interior.
[CORO]
Ay, maestro, tú no sabes
hasta dónde llegará
una palabra que sembraste
en el corazón de un niño.
Pasan años, pasan aulas,
pero puede quedar tu voz,
porque aquello que se enseña
con amor… ¡se queda vivo!
[VERSO 2]
Luego aquel niño fue padre
y la historia regresó:
otra niña, otra maestra,
otra semilla de amor.
En preprimaria mi hija
un poema aprendió;
pasó el tiempo y en mi casa
nadie nunca lo olvidó.
[VOZ FEMENINA JOVEN — HABLADO, MÚSICA CASI EN SILENCIO]
“¡Ay, qué disparate…
se mató un tomate!”
[BREVE SILENCIO]
[VERSO 3]
Hoy aquella niña vuelve,
casi adulta, a recordar;
y al mirar a su maestra
algo le quiere entregar:
“Tal vez usted no recuerde
todo aquello que enseñó,
pero en casa la nombramos,
porque su huella se quedó”.
[PUENTE — EMOTIVO]
Yo también busqué a mi maestra
para decirle: “Gracias, lo logré”.
Pero el tiempo había pasado
y nunca pude volverla a ver.
Entonces le pedí a su hija:
“Cuéntaselo, por favor;
aunque no sepa que escucha,
dile cuánto me ayudó.
Y dilo frente a los suyos,
que su familia pueda saber
que aquella maestra de segundo
cambió al niño que una vez fui”.
[CORO FINAL — CRECIENTE]
Ay, maestro, tú no sabes
hasta dónde llegará
una palabra que sembraste
en el corazón de un niño.
Una maestra cambió mi rumbo,
otra dejó huellas en mi hogar;
dos maestras, dos historias,
¡una misma forma de sembrar!
Sigue, maestro, sembrando,
aunque el fruto no puedas ver.
Y si recuerdas a aquel maestro…
¡vuelve y díselo, si puedes!
[FINAL HABLADO — PIANO SOLO]
Belencita…
Yo no pude volver a verte,
pero hice llegar hasta ti mi gratitud.
Hoy mi hija sí puede mirar a su maestra
y decirle:
“Maestra… todavía me acuerdo de usted”.
Maestros:
sigan sembrando.
Quizás mañana vuelva un niño
para contarles…
en qué se convirtió
aquella semilla.
