Un solo tatuaje que cubre todo el cuerpo: Una práctica ancestral

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Por Darío Nin.

Vivimos en una época en que la imagen parece hablar antes que las palabras. La ropa, el peinado, los accesorios y los tatuajes, se han vuelto formas de expresar identidad, memorias o gustos.

Muchas personas deciden tatuarse por amor, por arte o por gusto personal. Esa es una decisión personal y merece respeto. Sin embargo, respetar una decisión no significa apagar la reflexión.

La verdadera libertad crece cuando va de la mano con la responsabilidad de pensar. La naturaleza nos enseña con belleza. El arcoíris cautiva porque aparece en un momento especial. No está siempre. Por eso lo admiramos.

En una sociedad, donde muchos deciden tatuarse, una piel limpia puede convertirse también en una forma distinta de personalidad, no mejor, solo distinta. La pregunta importante no es si tatuarse está bien o está mal, sino, “¿esta decisión nace de mi convicción o de la presión?”

Si después de pensarlo la respuesta es auténtica, entonces será una elección libre, consciente. Pero, si se descubre que es solo por seguir una tendencia, quizás la decisión más valiente sea esperar.

En un mundo donde muchos buscan ser diferentes haciendo lo mismo, tal vez la verdadera originalidad sea conservar lo que ya era bello desde el principio. Porque el mejor tatuaje no siempre está en la piel.

El mejor tatuaje está en el carácter, en los principios y en la forma de actuar, pero una piel limpia  habla muy bien de ese tatuaje y si desea tener marcas en tu piel, que nazcan de tu convicción no de la manipulación y,la burda imitación.

Nos volveremos a ver en el camino, hasta la próxima.¡Que Dios nos continúe bendiciendo!!!

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