|
En audio
|
Por Darío Nin (Dania)
Hubo un tiempo en que las piedras se levantaban del suelo para castigar públicamente a quien era considerado culpable. Hoy, las piedras han cambiado de forma. Caben en un teléfono celular, viajan por internet y se lanzan con un simple clic.
No rompen huesos, pero pueden destruir reputaciones, afectar la salud emocional y dejar heridas que acompañan a una persona toda la vida. Vivimos en una época donde un conflicto personal puede convertirse en un espectáculo público.
Aparecen videos, comentarios, opiniones, burlas y acusaciones. En cuestión de minutos, las redes se transforman en un tribunal lleno de jueces, pero poca prudencia. Lo más preocupante no siempre es el daño que reciben quienes protagonizan el conflicto, sino las víctimas más silenciosas, los hijos. Ellos no eligieron las decisiones, ni participaron en las diferencias, pero terminan cargando con el peso de una exposición que puede perseguirlos durante años.
La actitud de José, narrada en el Evangelio, muestra otra forma. Al descubrir que María estaba embarazada, él, antes de exponerla públicamente, decidió en secreto dejarla, protegiendo así la dignidad de ella, aun con el corazón dolido. Esa decisión, aun en medio del dolor, demuestra una grandeza poco común,no convertir el sufrimiento humillación pública.
Hoy, en la era digital, las pedradas ya no son de piedra, son digitales. Comentarios, videos virales, burlas que pueden dejar cicatrices profundas en quienes las reciben, y especialmente en sus hijos. Los hijos no eligen las decisiones de sus padres, pero sí pueden cargar con las consecuencias de esa exposición.
Pensar en ellos debe invitarnos a la prudencia. El ejemplo de José nos recuerda que es posible vivir el dolor sin exponer a otros a la vergüenza. Y en el presente, nos invita a preguntarnos antes de compartir algo, antes de sumarnos a la ola de críticas, pensemos, esto construye o simplemente lanza otra piedra. Menos jueces en redes, más guardianes de la dignidad.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. ¡Que Dios nos continue bendiciendo!!!
