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Sin embargo, surge una cuestión fundamental: ¿es suficiente saber cómo hacer algo para concluir que debemos hacerlo?
Con la afirmación y el cuestionamiento anterior finalizábamos la entrega anterior 1-4 Ahora, analizamos que:
Una persona puede poseer una inteligencia extraordinaria y utilizarla para engañar, manipular, aprovecharse de los demás o conseguir beneficios particulares a costa del bienestar colectivo. Puede conocer perfectamente las consecuencias de sus actos y, aun así, decidir actuar en perjuicio de otros. En ese caso, su capacidad intelectual no ha desaparecido; lo que está en entredicho es el criterio con el que decide utilizarla.
Aquí es donde adquiere especial importancia la sabiduría. Ser sabio supone mucho más que acumular conocimientos. Implica aprender de la experiencia, examinar las consecuencias de nuestras decisiones, reconocer los límites de nuestros intereses particulares y procurar que nuestras acciones se correspondan con principios éticos.
La sabiduría nos lleva a preguntarnos no solamente qué podemos hacer, sino también qué debemos hacer, por qué hacerlo y a quiénes podrían afectar nuestras decisiones.
Pensemos, por ejemplo, en un empresario que posee los conocimientos necesarios para aumentar sus ganancias. La inteligencia puede ayudarlo a identificar oportunidades, reducir costos y mejorar sus resultados. La sabiduría, sin embargo, le exige considerar si los medios que utiliza son honestos, si respeta los derechos de sus trabajadores y si su éxito económico se construye sin engañar ni perjudicar a los demás.
Algo parecido sucede en la política, en las instituciones públicas, en las empresas y hasta en nuestras relaciones familiares. No basta con tener capacidad para alcanzar una posición, administrar recursos, convencer a otras personas o resolver una dificultad. También debemos preguntarnos si estamos actuando con honestidad, justicia y responsabilidad.
Una persona puede conocer las leyes y buscar la manera de eludirlas; puede hablar de honestidad mientras practica el engaño; puede predicar la justicia mientras reclama privilegios para sí misma. En tales circunstancias, el conocimiento existe, pero no necesariamente se traduce en sabiduría práctica.
Esto nos conduce a una distinción que considero esencial: la inteligencia nos ayuda a comprender la realidad y encontrar posibilidades; la sabiduría nos ayuda a discernir cómo actuar frente a esa realidad. No son cualidades opuestas ni excluyentes. Por el contrario, se complementan y pueden fortalecerse mutuamente
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima.¡Que Dios nos continúe bendiciendo.!!! Próxima 3-4
DANSFDSDERD17102026
